Zetralogía Zombie - MUERTE, ese viejo concepto pasado de moda
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Relato en cuatro partes de como la aparición de un extraño virus purificó un sistema capitalista salvaje, complicó un poco patinar en El Retiro, y extrañamente todo ello llevó a la redención mundial.

Claves de utilidad para sobrevivir en un entorno hostil debido a un ataque zombi: lo que nunca te enseñarán en una clase de patinaje en Impulso Urbano.

Capitulos anteriores:  Cap. 1  NACIMIENTO de una no-era      Cap. 2 VIDA más allá de la no vida.

 

CAPÍTULO 3: MUERTE, ese viejo concepto pasado de moda.

Si el más allá no es popular entre los muertos vivientes, por algo será.

 3.1.100Mordisquitos

El exhausto grupo de patinadores se encontraba en el 100 Mordisquitos en el momento menos oportuno. Y justo el día de todo a un Euro: una multitud de hambrientos zombis llenaba el lugar. Habiendo perdido repentinamente su voraz atención sobre las impensables inmundicias que estaban devorando, los no muertos pasaron a centrarla en aquellas imprevistas delicias sobre ruedas recién llegadas.

 

Los malditos se abalanzaron con ojos enrojecidos y uñas negras como mejillones. Rodeados por la cercana multitud, los patinadores tenían poco espacio para maniobrar o evitarlos. Justo la típica trifulca callejera en la que los rifles de asalto y las granadas de mano que un patinador precavido siempre debe llevar en la mochila no son apropiadas. En esas condiciones solo armas de muy corto alcance podían decantar la refriega del lado de nuestros héroes. "¡Ajá malditos, ahora estáis en mi terreno!" Con estas palabras desafiantes, el patinador más fornido agarró sendas jarras de cerveza con cada mano y empezó a blandirlas con la técnica propia de las artes marciales de taberna.

 

"CRUNCH" "¡Os abriré camino!" "CRUNCH" Gritó, mientras las jarras, con cristalinos destellos, aplastaban cabezas de malditos en sus mortales trayectorias. "¡Salid por ahí!" "CRUNCH, Crun-Crun-CRUNCH". Apoyando el codo izquierdo sobre la barra del bar, efectuó un supercombo en el que liberó toda la fuerza de su brazo derecho en un poderoso jarrazo lateral sobre la cabeza de un zombi, la cual su vez hizo carambola con las cabezas de otros tres zombis y liberaron un pasillo por el que el resto del grupo pudo escapar... Pero no él, que quedó rodeado sin remedio. "¡OOOddddínnnn...!" Fue lo último que se escuchó de su salvador antes de que fuera víctima de los no muertos. Luego una señora vikinga muy bien provista y con voz de soprano vino a buscarlo y se lo llevó en un caballo alado a Asgard, pero esa es otra historia que no... Ejem, sigamos.

 3.2.WarriorFunerals

Los pocos patinadores que quedaban salieron apresuradamente a la calle. Uno miró hacia arriba. Un sol enfermizo vespertino ponía un tinte anaranjado e irreal al escenario urbano. No era un día bonito para salir, pero eso no es algo que disuadiera a las decenas de miles de no muertos que ahora les rodeaban en su perpetuo deseo de sangre.

 

Era la Zombicrítica. Un enjambre de aullantes ciclistas zombis embutidos en maillots hechos jirones y desgarrados culottes ahora inundaba la avenida. Se desplazaban torpemente sobre, o arrastrando, lo que antes habían sido bicicletas, y que habían devenido en revoltijos metálicos retorcidos y oxidados, con ruedas que avanzaban con el rodar, arrastrar y chirriar del metal desnudo sobre el asfalto. Por si la comitiva no fuera suficientemente macabra, tras ellos se desplazaba en voraz persecución un encolerizado grupo de taxistas zombis enloquecidos. Las manos de muchos de ellos estaban fundidas a los volantes que llevaron en vida, sus cuerpos enredados con palancas de cambio, puertas de taxi y taxímetros incrustados y aún contando una carrera infernal. Este grupo era a su vez perseguido por la cabeza de los ciclistas no-muertos y así, persiguiéndose unos a otros se completaba un círculo de pesadilla en infinito movimiento, alimentado por un odio eterno más allá de la muerte.

 

Inmersos como estaban en la Zombicrítica, los patinadores no pudieron hacer nada para evitar ser arrastrados por ella. En segundos, pútridas zarpas y amarillos incisivos se clavaron en sus carnes y pasaron a engrosar la comitiva infernal. Todos... Salvo uno de ellos. Era el patinador que llevaba el antiguo libro Patinomicón, arrebatado a los siniestros Patinadores Malditos del Infra-Retiro. Solo él había sido dejado aparte. Cuando todavía se preguntaba qué pasaba, escuchó una retumbante y sorda voz en su mente "[brrumMBRR. yO tE SaCaRé De aQuÍ. BRRUmmbrr]" Era el arcano volumen el que le hablaba. "Pero ¿por qué no me atacan?" Inquirió el patinador. "[brrumMBRR. MiS hOjAs eStÁn CoNfEcCiOnAdAs cOn La pIEl dE cAdÁvErEs De pAtInAdOrEs De BáSiCo. Su oLoR cOnFuNdE a lOs zOmBis Y cReEn qUe eReS uN nO mUeRtO. AhOrA cAmInA cOmO uN zOmbI, o aCaSo nUnCa hAs IdO a La rUtA dE HaLloWeEn?. BRRUmmbrr]"

 

El Patinomicón, libro arcano y prohibido. Escrito por el patinador loco Jiro Chun-go, del que se dice llevó una vida incansable de lujuriosa obsesión por el conocimiento en las artes patinatorias, lo que finalmente le convirtió en un espectro. Los que leen este fatídico libro quedan presas de una fiebre que les impele a patinar sin parar, sus almas consumidas en la imposibilidad del descanso de la cordura y sus cuerpos privados del necesario sustento y reposo.

 

Ahora el libro le estaba salvando la vida. Siguiendo sus indicaciones atravesó la horda de muertos vivientes indemne. Sí, el libro salvaba su vida o... ¿Quizá solo le estaba utilizando para salvarse a si mismo? Una fatídica intuición se apoderó de él. Un naciente deseo involuntario por poseer el libro y su conocimiento iba tomando fuerza en su interior. Al fin, consiguió abandonar la multitud zombi y en pocos minutos alcanzó la seguridad de su apartamento, donde se encerró a cal y canto y pudo respirar un momento de calma. Ni rastro de su habitual compañero de piso. "A estas horas ya debe de haber sido otra víctima de los zombis".

 

Casi extenuado como estaba, su cuerpo aún se levantó arrastrando el pesado libro. Sin saber muy bien por qué, abrió el libro de par en par sobre su estudio. "Ahora lo sé. Sé por qué estoy aquí. Quiero todo el conocimiento que atesora. He quedado prisionero de su voluntad imbuida en mi y he de protegerlo por toda la eternidad."

 

"[brrumMBRR. mUy BiEn. aHoRa cOmEnCeMos. BRRUmmbrr]"

 

Y entonces el patinador percibió con sentidos intensificados el secreto y crepitante sonido del deslizar de páginas que han permanecido unidas por eones. Ese tacto pegajoso y el acre olor a pergamino antiguo. Ese olor dulzón y pútrido y ese murmullo de ruidos sordos e inarticulados... ¿Sobre su hombro?

 

"[brrumMBRR. MmMmm. CrEo qUe TiEnEs cOmPaÑía. BRRUmmbrr]"

 

"¡A...aaaAAARGGGhhh...!"